Oro, Incienso, Mirra
1. ORO → FUNCIÓN REAL / PODER TEMPORAL
- Elemento simbólico: Tierra (en su sentido más puro y noble).
- Justificación:
- El oro es el metal solar por excelencia, incorruptible, símbolo de la luz solidificada y de la pureza. En todas las tradiciones, el Sol es el símbolo natural del centro espiritual y, por extensión, de la autoridad legítima que de él emana.
- La función real (el Rey) tiene como misión establecer y mantener el orden en el mundo manifestado, es decir, en el plano más denso o terrestre. El oro, como riqueza suprema y medida de valor, es el símbolo adecuado para esta función que estructura la realidad social y material.
- Representa el poder en su aspecto estable, fijo y radiante, como un sol que gobierna su reino. Cristo recibe el oro como reconocimiento de su Realeza universal (Rex).
2. INCIENSO → FUNCIÓN SACERDOTAL / AUTORIDAD ESPIRITUAL
- Elemento simbólico: Aire (y por extensión, el éter o lo sutil).
- Justificación:
- El incienso, al quemarse, se eleva hacia lo alto en forma de humo aromático. Es una imagen perfecta de la oración, la contemplación y la comunicación con los estados superiores del ser.
- Esta ascensión corresponde a la función del sacerdote o brahmán, cuyo rol es ser mediador entre el cielo y la tierra, entre lo divino y lo humano. Su dominio es el de lo sutil, los ritos, los símbolos y la palabra sagrada.
- El incienso pertenece al reino intermedio entre lo material (la resina) y lo inmaterial (el aroma). Así, la función sacerdotal es el vínculo entre el poder temporal (oro/tierra) y el principio puramente espiritual. Cristo recibe el incienso como reconocimiento de su Sacerdocio eterno (Sacerdos).
3. MIRRA → FUNCIÓN PROFETICA / FUERZA VITAL Y DE RENOVACIÓN
- Elemento simbólico: Agua (en su aspecto de disolución y regeneración).
- Justificación:
- La mirra es una resina amarga usada para embalsamar los cuerpos, es decir, para preservarlos de la corrupción y prepararlos para un cambio de estado. Está íntimamente ligada a la muerte, pero una muerte entendida como transformación necesaria y paso a otro estado.
- Esta corresponde a la función del profeta, el vidente o el guerrero sagrado (la tercera función en Dumézil, pero elevada aquí a un plano espiritual). Es la fuerza que disuelve las formas caducas para permitir la renovación. El profeta anuncia una verdad que «mata» el estado anterior para dar vida a uno nuevo.
- Su elemento es el agua, no como fuente de vida, sino como aguas primordiales de la disolución (como en el diluvio). La mirra, al ser ofrecida a Cristo, profetiza su muerte redentora (Víctima), pero en un sentido más profundo, simboliza su poder sobre el ciclo de la vida, muerte y regeneración. Es el dominio de la fuerza que mantiene la integridad a través del cambio.


